Música creada con IA: Cómo reaccionan las plataformas y qué está en juego
- María José Clutet

- hace 5 días
- 4 Min. de lectura
La música generada con inteligencia artificial dejó de ser una curiosidad técnica para convertirse en un desafío para la industria musical. En los últimos meses, las principales plataformas digitales comenzaron a definir su postura. La reciente decisión de Bandcamp de prohibir la publicación de música creada con IA marca un punto de inflexión y obliga a revisar cómo se están posicionando el resto de los actores del ecosistema digital.

1- Bandcamp: una prohibición con mensaje político
Bandcamp anunció que no permitirá la publicación de música creada total o mayoritariamente con inteligencia artificial. Tampoco autoriza el uso de su catálogo para entrenar modelos de IA ni el scraping de su contenido.
La plataforma justifica su decisión en la defensa del trabajo creativo humano y en su rol histórico como espacio de sostenimiento económico para artistas independientes. La señal es clara: Bandcamp no se posiciona como una plataforma “neutral”. Asume un rol activo y toma partido en favor de la autoría humana.
En un contexto donde la sobreproducción algorítmica amenaza con saturar el mercado, esta decisión funciona como una barrera simbólica y práctica.
2- Spotify: apertura, volumen y ambigüedad
Spotify no prohíbe la música creada con IA. Permite su distribución siempre que cumpla con las reglas generales de derechos de autor y no incurra en suplantaciones de identidad (voces clonadas sin autorización, artistas ficticios diseñados para engañar al sistema, spam).
El problema no es la admisión, sino el impacto sistémico: Grandes volúmenes de música generada automáticamente, costes de producción cercanos a cero, e inserción en playlists algorítmicas. Esto genera una competencia desigual con creadores humanos, especialmente en segmentos de música funcional (ambient, lo-fi, sleep, focus).
Spotify ha hablado de etiquetado y control, pero su modelo de negocio sigue siendo escalar catálogo y retención, no necesariamente proteger autoría.
3- Deezer: tolerar pero etiquetar. Deezer se ha posicionado como una de las voces más activas en defensa de la transparencia, la ética y los derechos de los artistas humanos frente al crecimiento acelerado de contenido generado por IA.
Lejos de demonizar la tecnología, la plataforma francesa apuesta por reglas claras que protejan tanto la experiencia del oyente como la sostenibilidad del ecosistema musical. La postura de Deezer se traduce en lo siguiente:
Detecta música 100% generada por IA
La etiqueta como tal
La excluye de recomendaciones algorítmicas y playlists editoriales
No hay prohibición, pero sí una pérdida deliberada de visibilidad. Este enfoque reconoce la existencia de la música generada con IA, pero intenta evitar que distorsione el ecosistema de descubrimiento y reparto de ingresos.
Es, hasta ahora, una de las estrategias más equilibradas desde el punto de vista de gobernanza de plataforma. 4- YouTube: Responsabilidad del usuario.
La política de YouTube frente a la música creada con IA no es de prohibición, sino de delegación de responsabilidad.
La plataforma permite el uso de IA, pero exige transparencia, cumplimiento normativo y valor creativo humano, trasladando el riesgo legal, económico y editorial al usuario que publica el contenido. Según la postura oficial de la plataforma, todo contenido generado con IA está sujeto a las mismas normas que cualquier otro contenido publicado en YouTube, incluidas las normas de la comunidad, las políticas de copyright y los criterios de monetización. Ahora bien, YouTube exige que los creadores declaren explícitamente el uso de IA cuando el contenido pueda parecer realista, inducir a error, o represente personas, voces o situaciones que no ocurrieron realmente. Esto incluye música o voces sintéticas que puedan confundirse con interpretaciones humanas reales. 5- La postura de Instagram (Meta): La IA como herramienta Instagram, como parte del ecosistema de Meta, permite la publicación de contenido generado con inteligencia artificial, incluida música y audio, pero adopta un enfoque basado en transparencia y responsabilidad del usuario, no en la prohibición.
La política de Meta parte de un principio claro: la IA es una herramienta, y quien publica el contenido es el único responsable de su legalidad, veracidad y cumplimiento de las normas de la plataforma.
Meta establece que el usuario que sube contenido debe contar con los derechos necesarios sobre el material, no puede usar IA para suplantar identidades reales (voces, imágenes o interpretaciones), y no puede inducir a error a la audiencia. 6- TikTok: Etiquetado para evitar contenido engañoso
TikTok permite publicaciones que utilizan inteligencia artificial para generar o modificar contenido audiovisual, incluidos los videos que incorporan audio o música generada por IA, pero lo hace bajo un marco normativo centrado en transparencia, etiquetado y contexto para la comunidad. Esto no es una prohibición, sino un intento de equilibrar creatividad con claridad para los usuarios.
TikTok exige que los creadores etiqueten el contenido generado o significativamente modificado por IA cuando incluye imágenes, audio o video realistas. Esta etiqueta puede añadirse de forma manual en la publicación (por ejemplo, mediante texto, hashtag o stickers), y la plataforma también está desarrollando sistemas automáticos de identificación para facilitar el proceso. El objetivo oficial de esta política es ayudar a los espectadores a contextualizar el contenido y reducir la difusión de material engañoso. Lo que realmente está en disputa
La música creada con IA no va a desaparecer. La pregunta no es si existirá, sino dónde, cómo y bajo qué reglas circulará. Más allá de cada plataforma, el conflicto de fondo es triple:
Economía: ¿Cómo se reparte valor en un mercado donde producir música puede no tener coste humano?
Autoría: ¿Qué significa “crear” cuando el proceso es estadístico y no expresivo?
Curaduría: ¿Las plataformas deben ser neutrales o asumir responsabilidad cultural?
Las plataformas ya están empezando a mostrar que la neutralidad absoluta no es una opción. Cada decisión técnica es, en realidad, una decisión política sobre el futuro del trabajo creativo. La pregunta es ¿Qué modelo de creación están eligiendo sostener?






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