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La micro-sincronización musical en artistas independientes.

Actualizado: 9 nov 2022

En la era digital, la utilización constante de música genera una serie de royalties de varios tipos. Además de las típicas regalías que se obtienen a partir de la comunicación pública y los derechos mecánicos, existen otro tipo de royalties como los generados gracias a la micro-sincronización. Te lo contamos todo en el artículo de hoy.



La micro-sincronización (o micro-licencia) es cuando se usa la música de un artista sincronizada con un audiovisual en pequeños usos como el contenido generado por los propios usuarios (UGC) de plataformas de streaming como Youtube, Vimeo y TikTok.


La micro-sincronización es un segmento de la industria en rápido crecimiento, sin embargo, el problema viene cuando algunos de los acuerdos que se ofrecen se aprovechan de la falta de comprensión de algunos músicos sobre cómo se reparten habitualmente los ingresos por licencias musicales. En este artículo veremos cómo los compositores pueden aprovechar esta oportunidad en el espacio de la micro-sincronización para su música, así como algunas directrices sobre el tipo de acuerdo que podría funcionar para ellos.


La monetización para el artista en este tipo de plataformas es un poco diferente a la que se lleva a cabo en las plataformas en las que solo hay audio, como por ejemplo, Spotify. Pero antes de nada, tenemos que empezar teniendo claro quién es propietario de cada uno de los elementos implicados.


  • Por un lado está el vídeo, que es controlado por el sello discográfico o el usuario que lo sube.

  • Por otro lado está la grabación de sonido que está controlada por el sello, el artista independiente o el distribuidor.

  • Y por último, la composición musical que está controlada por la editora, autor o distribuidor. La composición musical genera los royalties de ejecución pública, que se cobran por medio de las entidades de gestión de derechos como SGAE en España o cualquier P.R.O en Estados Unidos. Por otro lado, genera también los derechos por ejecución mecánica que los cobra la editora o la distribuidora.


Sincronización tradicional VS Micro-sincronización.


Las licencias de sincronización habitual son permisos mediante los cuales se pagan unas tarifas para usar música con derechos dentro de un audiovisual más grande, como una película, una serie o incluso un anuncio o un videojuego.


En este tipo de licencias se paga una tarifa que se negocia entre el autor de la obra, el propietario del máster o de la grabación original y la persona o entidad interesada en usar esa música. Además de esta tarifa negociable, cada vez que la canción se reproduzca dentro del audiovisual, estará recolectando regalías de comunicación pública que se pagan a través de las sociedades de gestión de derechos.


Las empresas de micro-sincronización están ganando terreno en lo que es potencialmente un nuevo modelo de crecimiento para la música. Pero, al contrario de las licencias de sincronización habitulaes, aquí hay algo que no termina de funcionar: la división de los ingresos de la plataforma/creador. Estas suelen ofrecer un 30% a los titulares de los derechos y un 70% a la plataforma.


En la sincronización tradicional, un agente de sincronización (o un administrador de editores que se dedica a la sincronización) suele cobrar entre un 20 y un 30% de la tarifa de sincronización por adelantado, tal vez un 50% como máximo, y todo ello por adelantado.


Y es que algunos creadores aún no entienden del todo que las plataformas de streaming pagan el 70% de sus ingresos. Y este nuevo modelo de ingresos por micro-sincronización da la vuelta al reparto, desviando el 70% a la plataforma. Estas plataformas están monetizando la música para la economía de los creadores a escala, a la vez que ofrecen un reparto de ingresos objetivamente peor en comparación con la industria en general y el modelo de sincronización tradicional.


Este tipo de modelos nos hacen retroceder como industria, en términos de equidad para los titulares de derechos y los artistas dentro de este sector.


Todas estas empresas, como Instagram o TikTok, quieren "música real" de "artistas reales" para suministrarla a los creadores que quieren música de alta calidad para utilizarla en su trabajo. Sin embargo, estos compositores e intérpretes deberían recibir una remuneración superior o más justa, en comparación con la alternativa, que es la música de biblioteca de producción rápida.

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